Juan Pablo Bellandi es un Fotografo Venezolano que actualmente reside entre Merida  Venezuela y Amsterdam. En 1990 estudió fotografía en la Escuela Argentina De Fotografía (EAF) de Buenos Aires, para luego especializarse en Fotoperiodismo.

Puedes revisar su trabajo en su Instagram

La situación política de su país es el tema de sus trabajos más importantes. “En la intimidad con el Levantamiento” (in Intimacy With The Uprise) documenta el alzamiento de los venezolanos en contra su gobierno. Esta seria fue finalista del Ian Parry Scholarship 2015 y exhibida en Londres.

En el 2016 Juan Pablo fue uno de los 12 finalistas en el Premio Leica Oskar Barnack (LOBP 2016) con su trabajo “Persiguiendo al HAMPA” (Chasing HAMPA) y también ganó la beca para la primera masterclass organizada por la Agencia MeMo. Su trabajo ha sido publicado por importantes revistas como The Sunday Times, LFI, Photonews Germany y Doc!Photomagazine.

Tu trabajo es muy de fotoperiodismo y documental que retrata momentos bastante duros de tu país. ¿Qué te motivó a develar esa realidad más oculta?

El principal motivo por el que decidí trabajar con este tipo de fotografía es que vivo y soy de un país que actualmente está en un conflicto. Me atrevería a decir que en el peor de su historia, en donde están sucediendo cosas que  se considerarían imposibles para el 2017 o para el milenio mismo: un coctel de  dolor, frustración, odio, resentimiento, ira, muerte, mucha hambre, armas y drogas. A través de la fotografía encontré una manera de drenar, de poder compartir con historias el día a día de esta locura tropical que vivimos los venezolanos.

Mi trabajo a largo plazo, y con el que pienso seguir, se llama “Persiguiendo al HAMPA”. Hampa es el nombre coloquial Venezolano que recibe el crimen, con una tasa estimada de 120 muertes violentas a manos de la delincuencia por cada 100.000 habitantes. Venezuela ocupa el primer lugar desde 2015 de acuerdo a la clasificación mundial de homicidios, incluso sobre  honduras.

Estoy documentando a las fuerzas policiales en busca del crimen. De hecho, he pasado más tiempo con ellos que con mi propia familia. Duermo  muchas veces en los comandos. Ellos me llevan a todas partes debido a que me he ganado su confianza. Explicarles que quería hacer con las fotos fue lo más complicado pues en un país como Venezuela hay cosas que no se pueden mostrar, hay cosas que no se deben ver y mucho menos ser publicadas.

Sin embargo, la necesidad de un cambio para muchos de estos policías que arriesgan su vida por una miseria de salario en el país mas peligroso del mundo, resulto interesante. Mediante mis fotos vieron una posibilidad y, a su manera, de contar que cada noche están allí, persiguiendo al hampa.

 

Muchos de los crímenes quedan impunes. De la centena de muertos que vi, muchas veces no supe quién fue el asesino, ni yo ni la misma policía. La muerte se convirtió en algo cotidiano. Muchas veces llegaban llamados diciendo que ´´mataron a un joven en el  barrio de Campo de Oro” (uno de los barrios más peligrosos de mi ciudad) y al llegar observas el muerto y a la gente del lugar está tomando cerveza y bailando, oyendo música, vez a niños corriendo y jugando, mientras los familiares del difunto están gritando y llorando. De verdad la muerte se convirtió en algo normal para los venezolanos. Y eso es lo más preocupante.

Al revisar tu trabajo vemos detenciones, policías y muchas armas. ¿Qué ha sido lo más peligroso que has vivido? ¿Has temido por tu vida?

Muchas veces estoy tan a salvo que lo que ocurre por la noche es que me fumo unos cigarros, damos unas vueltas rutinarias y no hay nada de hampa allí afuera, parece un sueño de lo tranquilo. Otras veces vamos a un tiroteo o que mataron a 5 personas, que han entrado a una casa a robar o que secuestraron a alguien. Eso es lo común en Venezuela.

He estado más a salvo que en riesgo, pero los pocos momentos de riesgo que tuve fueron intensos y suficientes. En una redada a la cárcel, mientras la policía destrozaba las paredes en busca de un revolver, cayo al suelo una granada de mano que tenían escondida los presos sin el seguro. No explotó, no me pregunten como pero no explotó. Creo que esa fue la  situación más peligrosa en la que me encontré.

Luego están los disturbios. Allí es donde de verdad se pone caliente la cuestión. Hay tiros por todas partes, piedras, fuego, y es en donde se refleja el odio del venezolano contra el venezolano, en donde las cosas no pueden ser ni blancas ni negras, solo grises como mis fotos.