La Puerta del Sol de Madrid, lugar emblemático de España, recibe diariamente a una gran cantidad de visitantes, en su mayoría extranjeros. Mayormente conocida por el reloj y el oso de Madroño, pero también por algo más. Algo que casi cualquiera que ha paseado por el corazón mismo de Madrid relaciona rápidamente con sus recuerdos de niñez y que se traduce en las fotografías cientos de visitantes suben a las redes sociales estando en ese lugar: Mickey Mouse, Winnie the Pooh, Mario Bros. Personajes que ya forman parte del paisaje urbano madrileño. Son un grupo de amigables sudamericanos, en su mayoría, peruanos, pero también hay bolivianos y ecuatorianos, los cuales se ganan la vida disfrazados buscando hacerse una foto con los niños o turistas que vistan la plaza. Son, dependiendo la estación del año entre quince a veinte personas, en un rango de edad que va desde los 25 hasta los 60 años. Son testigos y participes de un instante en la memoria de extraños, que buscan congelar un momento junto a ellos. Embajadores del imaginario colectivo que nos remite a la niñez y a la alegría, pero también al calor humano propio de Sudamérica. Trabajan turnos de hasta 12 horas a pesar del frío invierno o del calor intenso del verano español. Siempre ataviados con un disfraz que los mantiene sobreviviendo. Anónimos, pero queridos. Sin un nombre ni un rostro, allí están.

Tomás Fernández (Viña del Mar/Chile, 1982)

es un fotógrafo documental y periodista chileno. Sus proyectos se enfocan en el territorio, lo humano y problemáticas ambientales. Desde 2009 hasta 2015 trabajó en El Mercurio. Entre 2015 y 2016 estudió el Máster en Fotografía Contemporánea en el EFTI de Madrid, España.
Ha contribuido con France Presse, EFE y Reuters.
Actualmente reside en Santiago, donde contribuye con varios medios de comunicación.

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